Conscientes de que los esfuerzos por la conservación del bosque se deben mantener en el tiempo, desde la gestión del BPAM se ha empezado a estrechar los lazos con las nuevas generaciones a través del programa Becas Educativas por la Conservación.
Esta historia forma parte de la publicación Alto Mayo, un modelo a escala. Historias que han transformado un paisaje.

“Nosotros, aparte de Vigilancia y Control y Acuerdos de Conservación, promovemos la educación ambiental, tenemos un convenio con la Unidad de Gestión Educativa Local (UGEL), entonces estamos ahí llevando las ferias y las charlas a los colegios, tanto dentro como fuera del ANP”, comienza contando Ivonne Paico, jefa del BPAM. Y es que siempre se ha sabido que las labores de conservación son tarea de todos y que un verdadero cambio en la forma de interactuar con la naturaleza solo se puede lograr con la participación de la sociedad en su totalidad.
Fernando Guerra, gerente del Contrato de Administración del BPAM para Conservación Internacional, sostiene: “Nosotros estamos convencidos de que la segunda generación o la generación futura de los Acuerdos de Conservación, va a darnos más fuerza para seguir protegiendo el ANP. Hay un trabajo arduo que se ha hecho con el padre de familia, con la mamá, y ahora estamos haciendo un trabajo con los hijos”. Recuerda que cuando empezaron con los Acuerdos de Conservación, esos niños tenían alrededor de siete años y, hoy, “ya salieron del colegio y necesitan la oportunidad para desarrollarse profesionalmente, pero que a la vez, represente un impacto también en la conservación”.
Es así como desde este año se han implementado las becas de estudios para los hijos de suscriptores. La idea es que los jóvenes puedan optar por una formación profesional al salir del colegio, que les permita dedicarse a actividades que puedan ser utilizadas en favor de la conservación del bosque, de manera que mejoren sus medios de vida. Por el momento, con el programa Becas Educativas por la Conservación del BPAM se ha podido cubrir la matrícula, las mensualidades e incluso los gastos de alimentación de 14 estudiantes beneficiados. Estas becas son complementadas con el compromiso por parte de los padres.

Una recompensa al esfuerzo
“Cuando nos dijeron que había una beca, yo me alegré mucho y decía ‘ojalá le toque para mi hija’”, comenta una entusiasmada Marilú Pinedo, miembro de la Asociación de Mujeres Emprendedoras y Defensoras del Bosque de Protección Alto Mayo (AMEDBAM). Su hija presentó una postulación con sus datos, información sobre cuánto tiempo llevan sus padres como suscriptores de los Acuerdos de Conservación y el nombre de la carrera que quería estudiar. Una vez enviada, la postulación fue evaluada por un jurado. Fernando complementa: “Entra mucho también la percepción que uno tiene del trabajo que han realizado. Nosotros priorizamos a los hijos de los suscriptores que realmente se han comprometido, porque es darles la opción de obtener este beneficio como una recompensa a todo el esfuerzo de estos años”.
Así, gracias a sus buenas notas en el colegio y al buen desempeño de sus padres como suscriptores, Yarly de 17 años, ya empezó a estudiar Ingeniería Ambiental en la Universidad Católica Sedes Sapientiae, en Nueva Cajamarca. Es un orgullo para toda la familia.
Ivonne aprovecha para recalcar la importancia de esta iniciativa para la gestión del BPAM: “Confiamos que esta primera experiencia que estamos teniendo con los jóvenes funcione bien, porque nos va a ayudar a ver nuestro panorama futuro y anticipar lo que puede pasar en el ANP cuando se apuesta por la juventud”.