Alrededor del mundo, existen rompientes u olas que atraen a deportistas y visitantes, y que coinciden con ecosistemas marinos y costeros de gran valor. Sin embargo, estos espacios también enfrentan amenazas causadas por un desarrollo y crecimiento urbano no sostenible que a veces causa la destrucción de hábitats y contaminación. Estos impactos afectan obviamente a quienes disfrutan de estos espacios, pero de forma mucho más directa, genera un impacto a las comunidades locales que dependen de la economía que este mismo ecosistema genera.

El surf un deporte que genera 60 mil millones de dólares al año y conecta a más de 35 millones de personas con los océanos. Es una comunidad apasionada por proteger sus olas y playas favoritas y representa una fuerza clave para impulsar la conservación a gran escala, protegiendo no solo la ola, sino todo el entorno marino y costera que gira alrededor de ella, incluyendo aspectos culturales, sociales, ambientales y económicos.
Un ejemplo claro de esta sinergia ocurre en Huanchaco, Perú. En esta emblemática caleta, la cultura milenaria del caballito de totora y la tradición pesquera conviven en las mismas olas que hoy atraen a surfistas de todo el mundo. A través del turismo vivencial y gastronómico, las comunidades locales transforman el valor natural y cultural de su rompiente en negocios sostenibles. Experiencias donde pescadores y artesanos comparten la siembra de totora, el tejido de embarcaciones ancestrales y la riqueza culinaria demuestran que proteger las olas salvaguarda la identidad local y genera medios de vida dignos y diversificados.

Por su parte, en Costa Rica, los gobiernos locales y las comunidades han reconocido la importancia de conservar los ecosistemas marinos y sus olas. En Nosara, alrededor del Refugio Nacional de Vida Silvestre Ostional, diversas escuelas de surf trabajan para ofrecer experiencias de turismo sostenible que promuevan el disfrute responsable del océano y generen conciencia ambiental entre sus visitantes. Como reflejo de este compromiso, el Gobierno Local de Nicoya declaró de interés municipal el surf. Este acuerdo permitirá impulsar alianzas y convenios de cooperación orientados a movilizar recursos para la conservación, restauración, ecoturismo y limpieza de los ecosistemas marino-costeros que hacen de esta región un destino único.

Para escalar este impacto, Conservación Internacional trabaja con aliados estratégicos en Perú, Costa Rica y Panamá a fin de asegurar la protección de las olas y sus ecosistemas circundantes. Promover la gestión integrada de estos espacios permite transformar la pasión por el surf en una herramienta real de conservación y prosperidad comunitaria. ¿Conocías del poder transformador de las olas?
Este contenido es posible gracias al proyecto «Expansión de los beneficios de la economía azul y la conservación de la biodiversidad crítica y los servicios ecosistémicos mediante la gestión de los ecosistemas de surf». Es financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), implementado por la ONUDI y ejecutado por Conservación Internacional, en alianza con Save the Waves y la SPDA, en coordinación con los gobiernos de Costa Rica, Panamá y Perú.
