Tingana: Una oportunidad para el turismo
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Los conceptos ‘turismo’ y‘naturaleza’ eran ajenos a los habitantes de Tingana, una zona de bosques inundables. En la actualidad, son la base de su sustento económico y el incentivo más grande para seguir adelante. Este cambio empezó con la visión de uno de ellos: Juan Isuiza.
Nací, crecí y estudié en Tingana, en la provincia de Moyobamba. Mi abuelo vino en la década de 1920. Todos los Isuiza que vivimos por aquí, nos hicimos chacareros. Hasta hoy lo somos.
Juan Isuiza, Agricultor y socio de la Asociación de Conservación de los Aguajales y Renacales del Alto Mayo (Adecaram)
En 2003, el ingeniero Adán Fabián, que trabajaba en el Proyecto Especial Alto Mayo (PEAM), me propuso hacer un proyecto para cuidar el medio ambiente. Yo no sabía qué era eso. Dijo que donde yo vivía era muy bonito y que podía atraer visitas. Me dijo que reúna a toda mi familia. El 8 de abril de ese mismo año, se produjo la primera reunión. Éramos 15 familias, todas Isuiza.
En el año 2004 entró a apoyar la Cooperación Técnica Alemana (GIZ) y nos formalizamos, hicimos nuestra junta directiva y empezamos a hacer el tambo de recibimiento, una cocinita pequeña, las casas y los servicios higiénicos para cuando venga la gente. También entró Cáritas y tuvimos capacitaciones en turismo y cocina. Ahí entraron a capacitarse y trabajar las mujeres también. No es como antiguamente, que las mujeres no podrían hacerlo.
“Ahora nosotros conocemos el atractivo y potencial de nuestro ecosistema, que es único en el Alto Mayo, y queremos compartirlo con los turistas”.
El día que todo cambió
Un 14 de julio de 2004 llegó el primer grupo de turistas. Hoy ofrecemos hospedaje, alimentación y guiado. Hay una señorita que hace los contactos con los turistas y les dice qué pueden hacer en su visita. Tenemos un recorrido de observación de aves, también hay para observación de fauna nocturna. Ahora, estamos haciendo escalada de árbol con arnés, que le gusta bastante a la gente. Hay visitas a las chacras. Está la Finca de Don Pepito, ahí producen cacao, café, vainilla y miel. Hay un observatorio de colibríes de Tito Vásquez. Hay un emprendimiento de plantas medicinales de don Santos Mena, que está bien bonito. Hay quienes preparan platos tradicionales y quienes venden artesanías, más que nada son mujeres.
Afortunadamente, cada emprendedor puede tener su negocio en su lugar y que sea rentable. Yo quiero tener un hornito para hacer pan, algunas cosas que antiguamente se hacían. Lo que queremos es recuperar las costumbres antiguas para que los turistas también las puedan vivir. Por ejemplo, en las noches hacemos fogata y contamos nuestros mitos. Desde 2022, Conservación Internacional nos apoya en varias cosas para seguir creciendo, para seguir motivando a más gente. Con ellos, hemos hecho un módulo comunitario de vainilla y nos han ayudado con la delimitación del área, poner hitos, cámaras.
También, hemos recibido capacitaciones para salir a hacer control y vigilancia, porque hay depredación. La gente quiere entrar a poner su chacra y tumban árboles.
Nosotros medimos cuántos árboles han tumbado. Esa es la tarea. Es tarea de todos. Y estamos frenando ya, aunque amenazan con matarnos. Si nosotros no lo cuidamos, ya no tendríamos este pequeño pulmón del mundo acá en el Alto Mayo. Hay que seguir dándole. No es fácil, pero tampoco imposible.
Una concesión para la conservación
El 17 de marzo de 2017, la Adecaram obtuvo la concesión para conservación, un título con el que la Autoridad Regional Ambiental le autoriza administrar, durante 40 años, 2500 hectáreas de aguajales. Ese título es, además, renovable.
Con el apoyo de Conservación Internacional, han logrado obtener la concesión de 1500 hectáreas más, para que puedan trabajar y conservar. Este incremento ha implicado reforzar el patrullaje y la vigilancia, así como formar una empresa para gestionar las visitas de los turistas y sus traslados. Lo que Juan soñó veinte años atrás es hoy una realidad: Tingana es un proyecto de turismo cada vez más grande y sostenible.