Joimer Vargas
Catador de café, responsable del
Laboratorio de control de calidad y la
Escuela de Catación del BPAM-Sernanp
Cuando firmaron los Acuerdos de Conservación, él era un adolescente al que levantaban para ayudar en los cafetales antes de ir al colegio.
Su padre les decía “ayúdenme, que los frutos vienen más adelante”. Y no se equivocó. Hoy, Joimer está entre los mejores catadores de café del país y, desde la escuela, ayuda a que más jóvenes de la zona encuentren su camino.
Mis papás son la tercera generación produciendo café, pero lo hacían empíricamente. En 2011, firmaron los Acuerdos de Conservación, con la condición de que ya no se siga talando el bosque primario.
Con la asistencia técnica y los insumos, las plantas empezaron a producir un café bueno, orgánico, con todas las implementaciones agroforestales. Un café sostenible. Ahora, tocaba buscar un precio justo por todo el trabajo que veníamos haciendo.
Entonces se creó la Coopbam, de la cual mi papá, Elí Vargas, fue el primer presidente.
En ese tiempo el trabajo se realizaba con personas externas. Mi papá planteó, junto con los demás directivos, que nuestra misma gente empiece a involucrarse en el proceso, a capacitarse para que en un momento pueda ser sostenible.
Yo tenía 16 años; estaba en los últimos años de colegio, cuando comenzaron a capacitar a los jóvenes para el control de calidad. Felizmente, tuve la oportunidad de poder participar. Aunque no pasé la selección final, regresé a la finca con otro concepto de producir café. Ya iba animando a mi papá para cuidar con mayor detalle su proceso de elaboración.
Me llamaron por segunda vez para ser evaluado, capacitado y medir mis habilidades como catador. Esta vez sí logré quedarme y ahí oficialmente inició mi formación.