January 29, 2026

Un apasionado del café

4 min

Joimer Vargas
Catador de café, responsable del
Laboratorio de control de calidad y la
Escuela de Catación del BPAM-Sernanp

Cuando firmaron los Acuerdos de Conservación, él era un adolescente al que levantaban para ayudar en los cafetales antes de ir al colegio.

Su padre les decía “ayúdenme, que los frutos vienen más adelante”. Y no se equivocó. Hoy, Joimer está entre los mejores catadores de café del país y, desde la escuela, ayuda a que más jóvenes de la zona encuentren su camino.

Mis papás son la tercera generación produciendo café, pero lo hacían empíricamente. En 2011, firmaron los Acuerdos de Conservación, con la condición de que ya no se siga talando el bosque primario.

Con la asistencia técnica y los insumos, las plantas empezaron a producir un café bueno, orgánico, con todas las implementaciones agroforestales. Un café sostenible. Ahora, tocaba buscar un precio justo por todo el trabajo que veníamos haciendo.

Entonces se creó la Coopbam, de la cual mi papá, Elí Vargas, fue el primer presidente.

En ese tiempo el trabajo se realizaba con personas externas. Mi papá planteó, junto con los demás directivos, que nuestra misma gente empiece a involucrarse en el proceso, a capacitarse para que en un momento pueda ser sostenible.

Yo tenía 16 años; estaba en los últimos años de colegio, cuando comenzaron a capacitar a los jóvenes para el control de calidad. Felizmente, tuve la oportunidad de poder participar. Aunque no pasé la selección final, regresé a la finca con otro concepto de producir café. Ya iba animando a mi papá para cuidar con mayor detalle su proceso de elaboración.

Me llamaron por segunda vez para ser evaluado, capacitado y medir mis habilidades como catador. Esta vez sí logré quedarme y ahí oficialmente inició mi formación.

Una oportunidad para más jóvenes

En 2022 ingresé a trabajar en todo el proceso de implementación para la creación de la Escuela de Catación del BPAM, en Rioja. En marzo de ese mismo año se certificó el laboratorio a nivel internacional por el CQI5 para seguir dando oportunidades a más personas dentro del bosque.

Pero yo todavía era un catador, digamos, sin acreditación. Así que di los exámenes y me certifiqué en agosto. Recién ahí mi familia me reconoció como catador. Mis papás ya habían salido del bosque. Dejamos toda el área que tenemos ahí para que se recupere y ya no seguir desgastando sus suelos. Nos trasladamos a una parcela en el caserío de Dos de Mayo, en la zona de amortiguamiento del BPAM, donde replicamos todo el trabajo que habíamos venido haciendo. Ahí llegaron unos clientes a visitar a mi papá, y él con mucho orgullo les dijo: “Tengo el lujo de tener mi propio catador, y certificado todavía”.

En 2023, me inscribí para participar en el V Campeonato Nacional de Catadores de Café, pero sin tener un concepto claro de cómo son las competencias.

Entonces empecé a prepararme: reduje el consumo de sal en un 80 % para ir preparando mi paladar, ir haciéndolo un poco más susceptible, más sensible.

Empecé a consumir agua con gas, casi todos los días una o dos botellas de medio litro para ir agudizando. Y quedé en el tercer puesto. Además, en abril fui a Lima y logré la acreditación como barista, que es la persona encargada de preparar las bebidas, de presentar el producto final, que también era una de mis metas.

No todos van a tener la habilidad para trabajar como catadores, pero hay varias áreas. Entonces, fue cuando yo, conversando con los directores de todo el proyecto, les digo: “¿Por qué no empezamos a formar baristas que puedan encontrar un trabajo dentro de una cafetería o en una barra, en los emprendimientos de turismo del bosque?”. Ahora la escuela está implementando el área de barismo para iniciar con las clases a lo largo de 2026.